Con todo el colegio sentado alrededor de la cancha, dos estudiantes tomaron el micrófono para contar cómo terminó la colecta y dar las gracias. El video dura un minuto.
Cuadernos abiertos, tablets encendidas y el mismo orden de cada sesión, primero escribir y luego grabar. Con tres tablets para doce, el que espera revisa el guion de otro.
Para cerrar la unidad, cada estudiante grabó una presentación corta, quién es, qué hace en el taller y a qué invita. Primero la escribió y la ensayó en voz alta.
Después del salón, las tablets se fueron al patio. Dos respondieron sentados en la jardinera y un tercero grabó de pie, peleando con el viento y el contraluz.
La sesión de agosto tenía otra tarea además de grabar, que las tablets del proyecto volvieran enteras. Hubo una rutina, repetida hasta que no hizo falta recordarla.
Con el guion del cuaderno, unos preguntaron, otros respondieron y el resto cuidó el silencio. Las tablets temblaron, y se aprendió a sostenerlas.







