Cuadernos abiertos, tablets encendidas y el mismo orden de cada sesión, primero escribir y luego grabar. Con tres tablets para doce, el que espera revisa el guion de otro.
La sesión de agosto tenía otra tarea además de grabar, que las tablets del proyecto volvieran enteras. Hubo una rutina, repetida hasta que no hizo falta recordarla.
Con el guion del cuaderno, unos preguntaron, otros respondieron y el resto cuidó el silencio. Las tablets temblaron, y se aprendió a sostenerlas.
Los estudiantes escribieron sus propias historias en la tablet, con personajes inventados y título propio. Una se llamó «La niña soñadora».
El taller dibujó el abecedario con reglas y líneas de fuga hasta que las letras parecieron salir de la hoja. Algunas ya van en la revista.
Lápices, colores y escuadras fotografiados a pocos centímetros con la tablet. Hubo que fijar el enfoque tocando la pantalla y aguantar el pulso.






