Estudiantes del semillero musical ensayan en círculo dentro del salón con guitarras, bajo, teclado, cajón y tumbadoras, acompañados por su docente

Antes del aplauso, el ensayo

Un ensayo casi nunca suena bien la primera vez. En el salón de la Sede A el semillero se acomodó en círculo, dos guitarras, un bajo, un teclado, un cajón y las tumbadoras en el centro. De pie, alrededor, el grupo de voces esperaba su entrada.

El profe marcó el pulso con la mano y hubo que empezar tres veces antes de que las partes encajaran.

Otra vez, desde donde entra el bajo

Quien pasa por la puerta oye el mismo pedazo repetido y puede pensar que el grupo no avanza. Adentro pasa lo contrario. Cada vuelta corrige algo. El bajo entra medio tiempo antes, la voz baja el volumen para que se oiga la guitarra, el cajón afloja para no tapar al resto.

Lo más difícil de esa sala es escuchar a los demás mientras uno toca, y eso no viene en ninguna partitura. Se practica además esperar el turno, sostener la propia parte cuando otro se equivoca y volver a empezar sin pelear cuando el profe corta a mitad de compás.

Los instrumentos se comparten, se afinan entre todos y se guardan al terminar. Nadie llega sabiendo. Quien llega nuevo encuentra puesto, porque siempre falta una voz en el coro o alguien que lleve el ritmo.

El semillero ensaya en la contrajornada, en la Sede A. Quien estudia en la mañana viene en la tarde, y al revés. Si en casa hay una guitarra arrumada, aquí hay con quién sonar. El próximo paso ya tiene fecha, tocar frente al colegio entero.

Publicado el 18 de agosto de 2026Categorías: MúsicaEtiquetas: ,