
Antes del aplauso: así ensaya el semillero musical
Un ensayo casi nunca suena bien la primera vez, y ese es justamente su valor. En el salón de la Sede A, el semillero musical del Colegio El Salitre – Suba se acomodó en círculo: dos guitarras, un bajo, un teclado, un cajón y las tumbadoras en el centro. Alrededor, de pie, el grupo de voces esperaba su entrada. El docente marcó el pulso con la mano y hubo que empezar de nuevo tres veces antes de que las partes encajaran.
Quien pasa por la puerta escucha un fragmento repetido una y otra vez y puede pensar que no avanza. Adentro ocurre lo contrario: cada repetición corrige algo. El bajo entra medio tiempo antes, la voz baja el volumen para que se oiga la guitarra, el cajón afloja para no tapar al resto. Aprender a escuchar a los demás mientras uno toca es la habilidad más difícil de esta sala, y no aparece en ninguna partitura.
En un ensayo nadie suena solo: la música aparece cuando cada uno hace sitio a los demás.
Lo que el semillero practica aquí se parece mucho a lo que se necesita fuera de la sala. Esperar el turno, sostener la propia parte cuando otro se equivoca, aceptar una corrección sin tomarla como algo personal y volver a empezar sin quejarse. Nada de esto se enuncia en el ensayo. Se hace, compás a compás, y quien no lo hace se queda fuera del tiempo del grupo.
El grupo trabaja con lo que hay. Los instrumentos se comparten, se afinan entre todos y se guardan al terminar. Nadie llega sabiendo: se aprende quedándose. Y quien llega nuevo encuentra un lugar, porque siempre hace falta una voz más en el coro o alguien que sostenga el ritmo.
Lo que se aprende en un ensayo (además de tocar)
- Escuchar mientras se toca: la parte propia solo funciona si se oye la del compañero.
- Sostener el error: cuando alguien se pierde, el grupo no se detiene: lo espera.
- Cuidar lo compartido: los instrumentos son del colegio y vuelven a su sitio al final.
- Constancia: el avance no se nota en una sesión, sino después de varias.
El semillero ensaya en contrajornada, en la Sede A, y no exige saber música para entrar. Lo que pide es ganas de volver cada semana. Si en casa hay un instrumento arrumado o una voz que solo canta en la ducha, aquí hay un lugar donde eso encuentra con quién sonar. El próximo paso de este ensayo, además, ya tiene fecha: tocar frente al colegio entero.

Expresiones en todo momento

