
Del salón a la plazoleta: el semillero toca en vivo
Tres días después del ensayo, el mismo grupo salió a tocar. La plazoleta cubierta del Colegio El Salitre – Suba se convirtió en escenario: los cables cruzando el piso, el amplificador contra la pared, las tumbadoras al frente y, a un costado, el coro esperando su entrada con las hojas en la mano. Delante, el colegio entero.
Tocar en vivo no se parece a ensayar. El sonido se escapa hacia el patio, el viento se lleva parte de las voces y no hay manera de detenerse a corregir. Lo que en el salón se repetía cinco veces, aquí ocurre una sola vez y hay que sostenerlo hasta el final.
Ensayar es prepararse para el momento en que ya no se puede volver a empezar.
Veintiocho segundos de la presentación del semillero musical en la plazoleta de la Sede A.
Vale la pena mirar el video prestando atención a lo que no es la música. A quien sostiene la mirada en la hoja porque es su primera vez frente a un público. A quien busca con los ojos al compañero para entrar a tiempo. A los que están de pie, en la fila de atrás, cantando sin micrófono pero cantando. Y al público: compañeros de otros cursos, docentes y familias que se quedaron a escuchar.
Presentarse ante los demás es una de las cosas más difíciles que se le pueden pedir a alguien de esta edad, y aquí no fue un examen ni una nota: fue un grupo mostrando algo que construyó. Esa experiencia —haber estado al frente y haberlo resuelto— no se olvida, y cambia la forma en que un estudiante se para después en cualquier otro escenario, incluido el salón de clase.
Lo que sostiene una presentación
- El ensayo previo: sin las repeticiones del martes, el viernes no existe.
- Los nervios compartidos: es más fácil salir al frente cuando se sale en grupo.
- El público que escucha: quedarse a oír a un compañero también es una forma de acompañar.
- El registro: grabar la presentación permite volver a verla y mejorar la próxima.
Esta presentación continúa el trabajo del ensayo publicado el martes en Antes del aplauso. El semillero y la emisora CSS Radio siguen abiertos en contrajornada: quien quiera cantar, tocar o encargarse del sonido tiene dónde hacerlo. Lo que empezó como un ensayo en un salón terminó sonando para todo el colegio, y el próximo también se está ensayando ya.

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