
El mismo círculo, otra mirada: fotografiar desde lo alto
El juego de manos que inauguró el semestre no se quedó en el piso. En la segunda sesión de la semana, el grupo volvió a formar el mismo círculo, se sentó en el mismo lugar y repitió la misma dinámica. Lo único que cambió fue el punto de vista: la cámara se puso de pie y miró desde arriba.
Lo que a ras del suelo era un grupo de compañeros jugando, en picado se volvió una composición: cuatro cuerpos, un centro vacío y las manos como protagonistas. Fue la continuación directa de la sesión anterior.
La escena no cambió; cambió el lugar desde donde la miramos. Eso también es narrar.
Fotografiar desde arriba obliga a pensar la imagen antes de disparar: dónde quedan las cabezas, cuánto piso entra en el encuadre, qué líneas del suelo ordenan la escena. Las y los estudiantes compararon las fotos de la sesión anterior con las nuevas y descubrieron algo que ningún equipo costoso enseña: una misma actividad puede contarse de varias maneras, y elegir el ángulo es ya una decisión narrativa.
Lo que aprendimos al cambiar el ángulo
- Elegir el punto de vista: subir, bajar o acercarse cambia por completo la historia.
- Leer el fondo: desde arriba, el piso se convierte en el fondo de la imagen.
- Ordenar la composición: las baldosas y el círculo ayudan a organizar el encuadre.
- Comparar tomas: ver dos versiones de la misma escena para decidir cuál cuenta mejor.
Esta sesión retoma el eje «Mirar para contar» de la revista y confirma el lema del taller: la creatividad vale más que el equipo. Bastaron una tablet y un cambio de altura. Si la sesión anterior puso el cuerpo, esta puso la mirada.

Expresiones en todo momento


